Cómo una estadounidense creó su primera empresa a los 11 años y se volvió dueña de un negocio multimillonario

Cómo una estadounidense creó su primera empresa a los 11 años y se volvió dueña de un negocio multimillonario

21 noviembre 2015, 12:00
Amalia
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Deb Weidenhamer comenzó su primer negocio con tan solo 11 años, completó su educación primaria y secundaria más rápidamente que otros niños y terminó la universidad cuando tenía sólo 18 años de edad, cuando la mayoría de las personas empiezan la vida universitaria. 

En 1995, con 20 años, abrió su propia empresa de subastas. Dos décadas más tarde, American Auction Company llevó a cabo subastas online vendiendo de todo: bienes raíces, joyería, instrumentos musicales e incluso equipo pesado. 

El total de compras en los Estados Unidos alcanzó los $245 millones en 2014. En 2012, la compañía fue el primer extranjero en obtener una licencia para llevar a cabo subastas en China. 

Weidenhamer actualmente está escribiendo dos libros sobre negocios y también es columnista de un periódico. El trabajo en la casa de subastas va de las 9:30 hasta una de la mañana. 

Ella es una persona determinada que responde preguntas concisa y objetivamente. Para ella darse cuenta que no todos los empleados tienen la misma determinación es uno de sus principales problemas. 

"Estoy presionando constantemente a las personas para que puedan hacer más, más, intenten más y si tú eres el tipo de persona que solo aparece en el trabajo y quiere ir a casa en cierto horario, entonces probablemente esto no funcionará muy bien para ti", dice ella. 

 

Universidad a los 14 años 

Weidenhamer empezó la escuela a la edad de cuatro, como la mayoría de niños. Pero las similitudes acaban ahí. 

Ella fue más rápida, pues terminó cuatro años antes, para después entrar a la Universidad a los 14 años. 

Ella cuenta que "menospreciaba" a los otros estudiantes. 

"No tenían ningún objetivo en la vida. Todo lo querían era jugar y yo tenía cosas mejores que hacer". 

Weidenhamer no cree que haya sido una niña extraordinaria, pero sí dijo que era "persistente" y presionaba a los profesores para que ella pudiera avanzar más rápidamente en los estudios. 

A los 11 años de edad, tras darse cuenta de que no recibiría parte de los beneficios de las ventas de galletas en su grupo de niños exploradores, ella comenzó su propia compañía yendo puerta a puerta para ofrecer de todo, desde pequeños objetos de casa hasta equipamiento para acampar. 

Con el gran interés que tenía en los números y las finanzas, Weidenhamer comenzó a trabajar formalmente vendiendo seguros. 

Entonces, consiguió un trabajo en el campo de las fusiones y adquisiciones de empresas en San Francisco, cuando ella aún vivía en la ciudad de Phoenix. Durante los cinco años de trabajo en la industria, ella tenía que viajar cada semana. 

 

Hablar de viajes 

En uno de estos viajes se sentó al lado de un hombre de unos 80 años que trabajó como subastador. La descripción que hizo de su día laboral y cuánto dinero ganaba dejaron intrigada a la norteamericana. 

Un mes después ella dejó el trabajo y se matriculó en una escuela de subastas, donde aprendió rápidamente a hablar como un subastador describiendo cada tiro. 

Weidenhamer cuenta que encontró el sector interesante por haber estado insatisfecha con su trabajo en esa época y par haber notado que el sector, estimado en $ 250 billones en los Estados Unidos, era, en su mayor parte, controlado solo por unas 5 mil empresas. 

A partir de ahí, ella usó los ahorros para alquilar un almacén en una zona decadente de Phoenix y comenzó a hacer publicidad para las empresas, y trató convencerlas para que eligieran su casa de subastas para vender sus productos. 

Los primeros 30 meses no tenía ningún sueldo e invirtió todo el dinero en la empresa, trabajando de 7:00 de la mañana hasta la madrugada y haciendo todo, desde conducir camiones hasta llevar a cabo las subastas por sí misma. 

En aquel momento, el primer empleado era un perro de guardia de 68 kilos, que cuidaba de la seguridad de Weidenhamer, y que después se convirtió en una mascota. 

"En términos de soledad creo que no podría haber hecho nada si no hubiese tenido un perro", dijo. 

Persistencia 

La determinación de Weidenhamer en profesionalizar la industria sacudió una estructura ya establecida. Según ella, para muchos clientes, su propuesta fue el primer documento impreso que recibieron. 

Algunos competidores trataron explícitamente de manchar su reputación, diciendo que no sabía lo que estaba haciendo. 

"De alguna manera aquello me estimuló para probar que se equivocaban", dijo. 

Un año después de abrir la casa de subastas, comenzó a contratar personal y ahora Weidenhamer tiene casi 300 empleados en todo el mundo. 

La compañía recibe una comisión por cada venta, alrededor de un tercio del precio de venta del objeto. 

La expansión continúa,con la ayuda de un enfoque más lúdico en las subastas que ocurren después de horas de trabajo, los fines de semana e incluyen música, bebidas y alimentos. 

En China 

Weidenhamer trabajó duro para establecer su presencia en China y ahora la empresa lleva a cabo entre 24 y 30 subastas mensuales en el país. 

La estadounidense gasta casi la mitad del tiempo allí. 

La entrada en el nuevo país instigó los instintos de empresarios estadounidenses y ofreció un nuevo camino para el crecimiento de su empresa. 

"Bromeo con mis amigos (hablando) que se pueden iniciar tres nuevas empresas al día en China porque hay muchas oportunidades", dijo.

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