Mujeres que avanzan y hacen avanzar Latinoamérica

Mujeres que avanzan y hacen avanzar Latinoamérica

19 marzo 2015, 00:00
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Las mujeres constituyen el 70 por ciento de los 1.200 millones de personas pobres del planeta y representan el 65 por ciento de las personas analfabetas del mundo, según datos de la ONU. Por eso, la ONG Intermón Oxfam (IO) ha premiado a las 'avanzadoras', aquellas mujeres que avanzan y hacen avanzar a Latinoamérica y al mundo con sus iniciativas que mejoran la sociedad.

Las avanzadoras son mujeres que, haciendo frente a la violencia, la ausencia de libertad y de derechos intentan "abrir camino, romper techos de cristal y derribar barreras", según ha explicado IO tras dedicarles a doce mujeres un discolibro solidario titulado: 'Avanzadoras: 12 canciones homenaje a mujeres que avanzan y hacen avanzar'.

Estas mujeres trabajan cada día para construir un mundo más justo en cualquier parte del planeta. Sufren injusticias, pero actúan para cambiarlas, empeñadas en transformar las relaciones desiguales, consiguiendo un mundo más justo. Estas mujeres premiadas, de Latinoamérica, Asia y África, son líderes y valientes.


Se organizan y se atreven a alzar su voz contra la discriminación, las diferencias salariales, la desigual repartición de las cargas de trabajo, la violencia, la injusticia social. Son mujeres que luchan por sus derechos y los de todas las demás: Tener autonomía económica, ser reconocidas, ser escuchadas, participar en la toma de decisiones, tener una vida sin violencia. Te contamos la vida de algunas de ellas, historias de valentía y superación que merecen ser escuchadas.

1. MARÍA MORALES, GUATEMALA


Cuando tenía 16 años se involucró en los grupos juveniles de su comunidad y aprendió a leer y escribir. Ahora como coordinadora general de la organización 'Majawil Q'ij' ('El Nuevo Amanecer'), que actualmente tiene más 3.000 socias, ayuda a las mujeres en situaciones violencia y de pobreza.

Es una lideresa maya k'iche muy conocida en Guatemala por su compromiso con los derechos de las mujeres indígenas. Morales denuncia la triple violencia que sufren las mujeres indígenas en Guatemala: El racismo, la violencia política a través del Ejército y la Policía y la violencia intradoméstica.

Considera la formación como un paso fundamental para que las mujeres se empoderen y rechacen la violencia. Morales les informa sobre sus derechos como mujeres y promueve también la participación de los hombres en estas actividades: "Nunca he compartido la idea de que las mujeres deban estar en casa. Tenemos que participar en todo", confiesa esta avanzadora.

2. RELINDA SOSA PÉREZ, PERÚ


En 1988, con 20 años, Relinda Sosa, se unió a otras mujeres de su distrito, el Agustino (Perú), para crear un comedor comunitario en el que cocinar de forma conjunta abaratando así los costes de la alimentación.

Este tipo de comedores populares surgieron en Perú en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta y pronto se convirtieron no sólo en un modo más barato de cocinar para las familias, sino también en la principal fuente de alimentación para los más necesitados de las comunidades. Para Sosa, además, fue una forma de entrar en el mundo del activismo social y la política.

Con el tiempo, Sosa llegó a dirigir la organización distrital de comedores autogestionados, lo que la llevó a presidir la organización de Mujeres Organizadas en Comedores Populares de Lima y Callao entre 1997 y 2000. Actualmente, es la presidenta de la mayor organización de mujeres de Perú, la Confederación Nacional de Mujeres Organizadas por la Vida y el Desarrollo Integral (CONAMOVIDI), que agrupa principalmente a mujeres que lideran comedores populares y autogestionados en todo el país.

Estos comedores se han convertido algo más que simples espacios dónde las mujeres se reúnen para cocinar: "Son espacios de formación personal, de la autoestima, de autoreconocimiento de una misma y de formación política", ha explicado Sosa.

3. MARÍA VERÔNICA DE SANTANA, BRASIL


En 1986 una gran sequía obligó a la población de la región de Brasil donde vivía María Verônica de Santana a organizarse y buscar ayudas. "Afectó sobre todo a las mujeres, porque los hombres emigraron y fuimos nosotras las que nos quedamos cuidando de la casa y los hijos. Y la tierra", ha explicado De Santana.

Así, las mujeres se unieron, reclamaron y consiguieron el reconocimiento de su trabajo como actividad profesional y no como servicios domésticos. Ese primer triunfo las animó a reivindicar otros derechos y a tratar de participar de una manera más activa en la vida política.

4. MARY SOL AVENDAÑO, COLOMBIA


Mary Sol Avendaño es profesora en la universidad pública Francisco José de Caldas en Bogotá. Desde hace más de 30 años, forma parte del Centro de Promoción y Cultura (CPC), organización con experiencia en el trabajo con mujeres, jóvenes, niños y niñas de sectores populares de la localidad colombiana de Kennedy.

En sus clases trata las desigualdades de género de su país y cómo las mujeres son siempre las que se llevan la peor parte. Considera que en Colombia se ha producido una "naturalización de la violencia contra los cuerpos de las mujeres", como estrategia de guerra practicada por los dos bandos, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las fuerzas armadas, en el conflicto armado que lleva asolando el país desde hace 60 años.

"Además de eso, las mujeres en sus casas y en sus ámbitos cotidianos también vivimos una serie de violencias que las mujeres históricamente hemos permitido sobre nuestros cuerpos", explica Avendaño. Por eso, ayuda a las mujeres a reconocer que sobre su cuerpo no tiene por qué haber violencia. Es muy importante para ellas "el encuentro con otras mujeres, el conocer otras experiencias, que hace que vayan contando esa situación que consideran que es del mundo de lo privado y empiecen a ponerlo en el escenario de lo público".

5. JOHANNA IZURIETA MONTESDEOCA, ECUADOR


En el año 2000 Izurieta se unió por azar a la Fundación Yerbabuena. Allí, comenzó a colaborar con el activismo feminista y a trabajar por el empoderamiento de las mujeres. Para Izurieta, el empoderamiento está relacionado necesariamente con una mayor participación en la política.

"Los espacios de participación ciudadana son políticos, los espacios de control son políticos, los espacios de participación para las elecciones de votación popular son también espacios políticos. Todos son legítimos, todos son necesarios y en cada uno de ellos deben estar las mujeres", ha aclarado Izurieta.

Aunque cada mujer provenga de realidades distintas, cree que los problemas son siempre los mismos: la violencia de género, la falta de acceso a la tierra o el crédito y la discriminación institucional. Por eso, reclama los procesos de formación como medio para que las mujeres logren mayor poder: "No son sólo el aula o los espacios académicos, sino todos los procesos que van generando experticias, desarrollo, aprendizaje en la vida personal de todas las mujeres".

Como diría Mahatma Gandhi, "llamar a las mujeres el sexo débil es una calumnia, es la injusticia del hombre hacia la mujer".

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