El Corte Inglés, en el ADN del comercio en España

El Corte Inglés, en el ADN del comercio en España

16 septiembre 2014, 10:01
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Hasta no hace mucho tiempo, la llegada de El Corte Inglés a una ciudad española le daba un toque de distinción, estatus y poderío comercial al lugar. Y aunque durante el último ejercicio no ha habido nuevas aperturas de grandes almacenes -la expansión del grupo depende ahora en gran medida de enseñas como Bricor, Supercor o Sfera-, la marca de los triángulos verdes y negros es un icono del paisaje urbano y de la idiosincracia y la cultura española.

Este universo puede condensarse en su gran intangible, el eslogan, símbolo de la garantía de satisfacción total que ha hecho del grupo un referente de la distribución comercial -«si no queda satisfecho le devolvemos su dinero»-, la consigna que aplicaba incluso en periodo de rebajas -otro concepto que, si no inventado, sí ha popularizado El Corte Inglés-.

Y aunque los tiempos hayan cambiado, para el español de a pie sigue siendo habitual ante una compra de calado consultar a El Corte Inglés, en cuyo precio siempre va implícito un servicio con buena reputación.

La empresa que en los próximos días heredará el sucesor del fallecido presidente Isidoro Álvarez no ha sido ajena a la crisis del consumo, precisamente por su condición de termómetro de la sociedad. Mucho se ha escrito -y rumoreado, al calor del tradicional hermetismo del grupo- de las dificultades económicas que atravesaba El Corte Inglés.

Pero después de un año de decisiones económicas sin precedentes en su historia -refinanció a ocho años el 76% de su deuda de 5.000 millones de euros; emitió bonos por valor de 600 millones; y vendió el 51% de su financiera al Santander, por la que además de ingresar 140 millones desconsolidó y amortizó deuda por 1.100 millones- el calcetín comienza a darse la vuelta. Tras toda esta batería de decisiones, el pasado marzo se conocía que la concesión de créditos al consumo de su financiera creció un 6% en el último trimestre de 2013. Un dato que acaban de reafirmar las últimas cuentas del grupo: unos beneficios que crecieron un 6,2% hasta los 174 millones de euros pese al retroceso de 1,8% en la facturación, que ascendió a 14.292 millones.

Lejos quedan los 17.900 millones facturados antes de la crisis, aunque puede decirse que siete años después, la firma vuelve a ver la luz habiéndose dejado poco por el camino. No en vano, tiene en nómina a 93.300 empleados, la mayoría indefinidos, y ha puesto en marcha un nuevo sistema de incentivos para establecer las comisiones de sus vendedores, que elimina el modelo lineal por otro que incluye mínimos de venta y otros aspectos comerciales.

Y es precisamente en este frente, el comercial, donde se siente el nombramiento en 2013 de Dimas Gimeno como consejero director general. El sobrino de Álvarez, de 39 años y con más de dos décadas de experiencia en diferentes puestos, entre ellos el de adjunto a la dirección general de la filial portuguesa, se perfila como favorito para ocupar la presidencia, aunque es previsible que el grupo, que no cotiza en Bolsa, se tome unos días hasta anunciar un nombramiento.

Desde su llegada, El Corte Inglés ha oficializado su conversión al modelo multicanal -comprar on line y recoger en tienda-; ha potenciado la venta por internet también en el extranjero -en el canal físico la marca opera en Portugal desde 2001, aunque la crisis posterior frustró los planes de expansión internacional de Álvarez-; ha cambiado las estrategias de precios; y ha potenciado las zonas de hostelería Gourmet Experience, las clínicas veterinarias o los espacios de salud. Un viraje lento, continuo y necesario para un gigante que no quiere perder el paso.

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