Un duro año para Venezuela, con alta inflación y la caída de los precios del crudo

Un duro año para Venezuela, con alta inflación y la caída de los precios del crudo

15 diciembre 2014, 10:33
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Para Venezuela el 2014 ha sido especialmente complicado a nivel económico, con una fuerte inflación, la persistente escasez de algunos productos básicos y la caída de los precios del petróleo - principal fuente de ingresos para su economía.

El país ha visto disminuir el 35% de sus ingresos en divisas con la caída internacional de los precios del crudo, del que obtiene más del 90% de su recaudación y que se encuentra en sus niveles más bajos en cinco años.

Según las cifras oficiales, el precio promedio del petróleo, que en enero fue de 95,07 dólares por barril, ha cerrado esta semana en 61,92 dólares y cada dólar de caída representa aproximadamente una pérdida de 700 millones de dólares para las arcas venezolanas.

A pesar de la batalla del estado latinoamericano en el seno de la OPEP para conseguir un recorte de la producción de crudo que permita un alza de los precios del petróleo, la falta del consenso del bloque ha dejado a Venezuela sin su principal carta para jugar.

Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, que aseguró que su Gobierno tiene planes para hacer frente a la continuada caída del precio del crudo aunque cayera hasta los 40 dólares por barril, se ha visto presionado a realizar recortes en su presupuesto y que empezaron con la disminución del 20% de gastos suntuarios y la disminución de su salario y el de su gabinete.

La medida es, según los expertos, "insignificante" y representa apenas el 0,5% del presupuesto de la nación.

La falta de divisas en un país con un control de cambio que impide el libre acceso a la moneda extranjera y que tiene una alta dependencia de las importaciones golpea en prácticamente todos los sectores y se refleja en el desabastecimiento de productos. Las restricciones en la asignación de divisas, monopolizadas por el Estado desde hace más de una década, han desencadenado en un alza de la cotización especulativa del mercado paralelo, que a principio de enero rondaba los 40 bolívares por dólar y cerrará el año por los 150, pese a la promesa del Ejecutivo de "pulverizar" el mercado ilegal.

Las autoridades, que empezaron el año con dos tasas de cambio distintas, sumaron un tercer sistema de cambio que, según el presidente venezolano, aún hay que afinar.

Los retrasos en la entrega de divisas han afectado a casi todos los sectores económicos del país, principalmente a las aerolíneas, la industria médica y de alimentos. Sectores como el automovilístico han experimentado una caída de producción superior al 80% y cierran con un 2014 "para olvidar".

Al mismo tiempo, las deudas con los proveedores internacionales que abastecen el mercado venezolano suben las facturas de las mil millonarias cuentas por pagar del Estado venezolano, lo que degenera en frecuentes episodios de escasez.

Así las cosas, los últimos datos oficiales proporcionados en septiembre muestran que Venezuela acumuló hasta agosto una inflación interanual del 63%, la cifra más alta en los últimos 15 años.

Con el misterio que caracteriza los datos oficiales de la economía venezolana, pese a tener un récord incuestionable de pago, el país petrolero del Caribe ha mantenido la duda de los mercados a lo largo del año en torno a su capacidad de pago ante sus compromisos internacionales.

En octubre hizo frente a una deuda de 5.300 millones de dólares sin ningún contratiempo pero no disminuyó la desconfianza del mercado, que pide la adopción de medidas necesarias para la economía.

El Gobierno buscó paliar la inflación y aplicó con rigurosidad la Ley de Precios Justos, que prohíbe ganancias superiores al 30% y establece sanciones de hasta 10 años de cárcel para los acaparadores y especuladores.

El Ejecutivo achaca muchos de los problemas económicos a los especuladores, que acaparan productos básicos para luego revenderlos a mayor precio o directamente para desabastecer el mercado con fines de desestabilización política, en lo que Maduro califica de "guerra económica".

Aún así los venezolanos continúan manteniendo cierto poder adquisitivo y cada vez que el Gobierno obliga a los comercios a una bajada de precios, miles de ellos acuden a las tiendas de electrodomésticos, ropa o calzado para comprar todo cuanto sea posible.

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